Aunque darle a alguien una mala noticia no es precisamente sencillo, existen técnicas para suavizar el golpe sin machacarlo. En esta ocasión, hablaremos de cómo podemos dar información nueva a alguien que sabemos que no se lo va a tomar bien, y veremos cuál es la mejor manera de decírselo. Lo  que deseamos es que el otro piense que le hemos dado el mensaje con sensibilidad y lo ideal es que no se sienta mal por lo que le hemos dicho y tampoco con la persona que lo ha hecho.

 

LOS SENTIMIENTOS DE LA MALA NOTICIA

Las malas noticias pueden desatar una serie de sentimientos: rabia, tristeza, indignación, autocompasión, conmoción, alivio, angustia y muchos otros.  Y no hay nada malo en ello, más bien al contrario, es totalmente natural porque expresar lo que se siente puede ayudarnos a manejar la situación. Por ello, es necesario que empaticemos con el otro y que le demos la oportunidad de compartir sus sentimientos si así lo desean. Sean cuales sean nuestros sentimientos con respecto a la información que damos, no debemos mostrarlos.

Os propongo un  “proceso o receta” para dar una mala noticia:

 

Fase 1: la preparación

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Imagen: ‪bienestar.salud180.com‬

Es mucho más probable que demos la noticia de la mejor manera posible si estamos preparados. Elementos a tener en cuenta cuando empezamos a hacer planes:

Situación, momento y entorno: soltarle a alguien la información por medio de un mensaje de texto, por muy cuidadosamente que lo hayamos escrito, es probable que haga que no se sienta demasiado bien. Por ello, es mucho mejor irse a un lugar aparte donde poder hablar del asunto sin que haya interrupciones,  cara a cara y sin usar el móvil. La persona se merece un poco de consideración, ¿no crees?

Las palabras iniciales: es bueno saber qué es lo primero que vamos a decir. Puede que luego lo acortemos o adaptemos sobre la marcha, pero si tenemos un guión en nuestra mente, entonces tenemos más posibilidad de no perder el hilo de lo que queremos decir.

El ensayo: realizar una presentación en nuestra cabeza está bien, hacerlo en voz alta está mucho mejor y ensayarlo con alguien que nos pueda decir cómo se sentiría al recibir la noticia.

 

Fase 2: la exposición

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Imagen: ‪www.juanmaromero.com‬

Dar información “principal” y apoyarla con hechos desde el principio. Esto significa que una vez que una persona está sentada, en vez de empezar pon entablar una conversación casual, lo mejor es decirlo directamente. Si no decimos la verdad desde el principio, no sólo estaremos malgastando nuestro tiempo (y el de ellos) y aumentando el malestar, sino que se ofenderán por no haber empezado con la información de importancia.

El modo en que formulamos el mensaje marca la diferencia respecto al impacto que causa. Las palabras que utilicemos serán la clave de cómo se tome la noticia la otra persona. No es lo mismo transmitir la noticia de una forma negativa y directa al grano, que hacerlo de forma directa pero en una postura y actitud positiva y sin perder la calma

Demostrar que te preocupa. Siempre es positivo darse cuenta de que la noticia provocará sentimientos en la otra persona. Ayuda que la persona considere al portador del mensaje como un aliado y no como a un adversario. Sin embargo, si los sentimientos no están claros, es mejor preguntar en vez de asumir. Y juzgar o valorar cómo se siente el otro (“tienes derecho a estar enfadado”) puede hacer que una mala noticia se transforme en algo horrible.

Reforzar los aspectos positivos de la identidad de la otra persona. Una de las partes más importantes de dar una mala noticia es comprender que se trata de una serie de circunstancias específicas y no de la persona en sí.

Todo negativo. Por muy negativo que nos parezca todo, siempre hay un rayo de luz o un clavo ardiendo a donde agarrarnos. Intenta ponerte tú en el lugar del otro en esa situación y piensa qué sería lo que te reconfortaría.

Las posibles opciones se presentan a continuación. Con algunas malas noticias se sabe qué es lo que va a ocurrir después, mientras que en otras ocasiones las opciones están abiertas a interpretación, en términos de si es posible hacer algo, y si es así, cuáles son las alternativas. Si hay opciones posibles o una secuencia de sucesos predeterminada, entonces debemos explicarlos, o bien desde el principio o más adelante, una vez que el mensaje se haya digerido y se haya hablado sobre él. Y sobre todo recordad que lo que está hecho, ya está y no se puede volver atrás en el tiempo. Cuanto antes lo asumamos, antes le diremos adiós al dolor que no abrasa por dentro y nos hace sufrir y sentirnos mal.

 

Fase 3: la discusión

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Imagen: ‪i24mujer.com‬

Puede ser de ayuda que pase algún tiempo entre la exposición y la discusión. Eso da a la otra persona la oportunidad de reflexionar y asimilar lo que acaba de escuchar. También puede ocurrir que la mala noticia sea definitiva y que la otra persona no quiera hablar de nada y todo lo que desee hacer es salir de la habitación o colgar el teléfono tan pronto como pueda. Si el momento de hablar ha llegado, entonces lo mejor es hacer preguntas abiertas. El factor esencial para que la discusión llegue a buen puerto es la calidad de escucha, y esto lo conseguimos mostrando toda nuestra atención en la persona en cuestión. Es preciso que nosotros hablemos menos que ellos.

 

Fase 4: la conclusión

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Imagen: ‪empresariados.com‬

Cuando la conversación se ha alargado todo lo que la otra persona necesita o hasta donde tú consideras que ya está preparada, es el momento de llegar a la conclusión de cuál es el paso siguiente. Debemos acabar confirmando lo que se ha dicho, lo que se ha acordado y lo que sucederá a continuación y cuándo.

 

¿Qué hacemos con las reacciones? ¿Cómo actuamos?

El arrebato. Ej: “Es una catástrofe, esto va a arruinar mi vida”. En estos casos, sé paciente. Permanece calmado. Escucha.

El témpano de hielo.  Ej.: cuando no hay ningún tipo de reacción, solo silencio. Aquí debes hacer preguntas. Compartir el silencio. Si nada funciona, déjale espacio y reanuda la conversación más tarde.

La negación. Ej.: “Esto no está sucediendo…” Identifícate. Repite los hechos. Refuerza su identidad.

La súplica. Ej.: “Por favor haré lo que sea necesario para que funcione…” Confirma que la decisión es definitiva. Céntrate en las consecuencias positivas.

La autoinculpación. Ej.: “Sabía que iba a ocurrir esto, es por mi culpa” Refuerza su identidad. Explica qué más ha sucedido que haya contribuido a que suceda.

El ataque. Ej.: “Todo es culpa tuya” Permanece en calma. Escucha. No contestes.

 

Una frase:

“Dios aprieta, pero no ahoga” de Francisca Castro y otras madres

 

Libros recomendados:

“Todo (no) terminó” de Silvia Salinas

“Cuando los miedos paralizan” de Silvia García Graullera

“Salir de la botella: Manual de instrucciones” de Eduardo Roselló Toca

Como dar una mala noticia a alguien que queremos
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Gema Jaén
Gema Jaén
Licenciada en Derecho. Su experiencia en el estudio de la moda y continua formación en dicha área le ha llevado a poner en marcha su propia web Belleza y Percaleo, dirigiendo sus contenidos y proponiendo una visión propia de la actualidad.

1 Comment

  1. Alberto dice:

    Muy buenos consejos!

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